Autogestión y Huelga 1999-2000 en la UNAM PDF Imprimir E-mail
San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 30 de marzo del 2007
 
AUTOGESTIÓN Y HUELGA 1999-2000 EN LA UNAM
 
Por: Gabriel Alberto Clara Islas.
Estudiante de Sociología de la UNAM
 
En un sentido integral, la autogestión es una forma de organización social regida por relaciones entre personas basadas en la socialización de la producción social y los medios mediante los cuales se produce, poniendo especial énfasis en las formas por medio de las cuales se consiguen tales fines. En especial, busca construir alternativas al burocratismo centralista que caracterizó a los regímenes del “socialismo realmente existente”.
 
En términos generales, la autogestión implica un proceso dialéctico entre la generación de condiciones para provocar la emergencia de una transformación social profunda, revolucionaria, y la concreción y mantenimiento de ese mismo proceso.
 
En el marco de esta breve introducción, la huelga de 1999-2000 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) significó no una experiencia autogestionaria propiamente dicha, sino parte de un proceso amplio y de largo plazo de maduración de los actores sociales y grupos dominados del país en busca de construirse como sujetos colectivos de cambio social profundo. El punto culminante de tal proceso de maduración seguramente pasará por la discusión de experiencias como el paro de los universitarios al alba del nuevo siglo y, más en general, de las experiencias plenamente autogestionarias en el mundo y en América Latina.
 
Significativo es que el cobro de cuotas de hasta mil pesos semestrales en la Universidad Nacional, detonador de un movimiento estudiantil asambleístico que culminó en el estallido de la huelga el 20 de abril de 1999,  fue frenado mediante esta medida, aunque objetivamente esto no se tradujo en un triunfo del movimiento estudiantil.
 
Según la perspectiva desde donde se las mire, pero en esencia, las principales demandas no fueron cumplidas y todo quedó como antes del alzamiento de la huelga. Tales eran que, reivindicando la educación pública y gratuita y la vigencia del artículo tercero constitucional, se exigió la derogación de reformas neoliberales contra la universidad, especialmente las de 1997 que intentaron cancelar el pase automático de bachillerato a licenciatura e introducían como requisito de entrada a la institución un examen hecho por un ilegítimo organismo privado como el Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL); la desaparición de cuerpos e instituciones internas de represión y persecución política, como el anticonstitucional Tribunal Universitario; entre otras.
 
Esta reflexión se hizo como parte de la Jornada sobre “Agroecología, cooperativismo y universalización”, realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNACH, que contó con la participación de los docentes de la Universidad Agraria de la Habana, Cuba, Mtro. Norlán Hidalgo Bárcenas y el Ing. José Antonio Vega Alonso. 13-16 de marzo del 2007.
 
Sin duda, el punto neurálgico del pliego petitorio del Consejo General de Huelga (CGH), espacio de articulación, discusión y consenso del movimiento estudiantil, fue la demanda de la celebración de un Congreso Universitario que refundara los cimientos de  la UNAM con el objetivo de alejarla del auge neoliberal y la ola privatizadora de las décadas de los 80 y 90 en toda América Latina.
 
Este fue el objetivo incumplido que causó mayor frustración para muchos universitarios, pues jamás existió voluntad de las autoridades de la institución para llevarlo a cabo democráticamente.  En retrospectiva, se puede afirmar que el pliego petitorio del CGH es más vigente que nunca para los universitarios de origen humilde y pobre ya que, lejos de retroceder, el proceso de reformas neoliberales, sin ser espectacular, sigue avanzando oculta, lenta y significativamente.
 
Se han fortalecido mecanismos de exclusión social contra las clases desfavorecidas del país que aspiran estudiar en la UNAM, los aparatos de espionaje y represión política siguen actuando con total impunidad y, en los hechos, la universidad se privatiza a través de los sectores sociales privilegiados que acaparan las plazas y espacios para recibir educación en la universidad, el cobro ilegal de servicios de todo tipo, de materiales de estudio, etcétera.
 
Sin entrar de lleno en una discusión de fondo, podemos afirmar que los frutos reales que cosechó el movimiento de huelga del CGH fueron en materia de experiencias de organización y vinculación de los estudiantes con diversos actores sociales a lo ancho y largo del país.
 

Así, la mayoría de los activistas que participaron en huelga trabajan hoy en día, dentro o fuera de la UNAM, con organizaciones y movimientos sociales, campesinos, gremiales de todo tipo, civiles, de defensa de derechos humanos, de construcción de paz en zonas de conflictos armados, con actores sociales que reivindican la lucha armada, y un largo etcétera.

 

A pesar de que la experiencia organizativa concreta del mantenimiento de la huelga por más de diez meses consecutivos arrojó como punto final un muy mal sabor de boca que actualmente aún se mantiene en los universitarios, nunca llegaron a solucionarse innumerables problemas y contradicciones que derivaron en divisiones y fracturas que a la postre serían el motivo principal del debilitamiento del movimiento huelguístico y del saldo de represión: la entrada del ejército disfrazado de Policía Federal Preventiva a Ciudad Universitaria el seis de febrero del 2000 tomando presos a mil universitarios por más de tres meses, con lo cual de facto se concretizaba el rompimiento de la huelga y una serie de imposiciones administrativas que buscaban agudizar el control sobre los estudiantes movilizados en el seno de la UNAM.

 

La escalada de divisiones al interior del CGH fue causada principalmente por errores internos, al ser incapaces los estudiantes de implementar mecanismos de decisión y consenso tales como aquellos que se reivindican en la autogestión. Todo ello sin menospreciar el efectivo trabajo de infiltración del Estado, así como la estrategia seguida por el gobierno de paulatinamente provocar la decadencia del apoyo popular a los estudiantes, entre otras medidas.

 

La huelga de 1999-2000 en la UNAM provocó un significativo exilio de la mayoría de los activistas universitarios hacia movimientos sociales de todo tipo, aunque algunos optaron por participar en espacios políticos institucionalizados como partidos políticos con registro. Ahora mismo, mientras se avanza y se retrocede en la construcción de un sujeto colectivo que enarbole las demandas de los grupos dominados del país y que sea capaz de generar transformaciones revolucionarias, los universitarios formados en sea contradictoria huelga de fin de siglo tienen una voz y una presencia importante .


 

En conclusión, no se puede afirmar que la huelga en sí misma sea una experiencia autogestionaria. Sin embargo, constituye un paso importante para ese fin en el marco de un proceso de transformación social de largo plazo y a nivel nacional, donde objetivamente los sectores sociales dominados puedan imponer sus intereses y demandas.

 
Actores y movimientos nacionales que cuentan con una presencia significativa de universitarios: La Otra Campaña, el Congreso Nacional Indígena (por medio del trabajo de solidaridad de universitarios con comunidades indígenas de todo el país), el Diálogo Nacional, el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, esfuerzos estatales que emulan a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (en la cual actúan de diversas formas gran número de universitarios “chilangos”), el Movimiento de Resistencia Civil Pacífica liderado por López Obrador, entre otros.