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Chiapas al Día. No.504 CIEPAC Chiapas México . 26 de Abril del 2006
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La "otra campaña" y el camino electoral
Mitos y demonios que hay que exorcizar

Resumen: El siguiente ensayo, escrito a principios de 2006 por el sociólogo Enrique Pineda, sobre la Otra Campaña iniciada por el EZLN, nos ha parecido en Ciepac esclarecedor para entender algunos de los aspectos más importantes del debate que se inició entre de la izquierda mexicana a raíz de la “Alerta Roja” declarada en junio de 2005 por el mismo EZLN. Con el permiso del autor, reproducimos aquí estas importantes reflexiones, con la seguridad de que serán igualmente útiles para nuestros lectores, en México y en el extranjero, a fin de entender los alcances y las limitaciones de los proyectos y propuestas que enfrentamos los mexicanos y ante los cuales habrá que tomar posición.

Introducción

Hoy está comenzando la otra campaña. Un proceso inédito para el cual necesitaremos de un debate exhaustivo desde la izquierda para enfrentar sus retos, sus límites y sus potencialidades. La otra campaña es el vehículo para enlazar las resistencias y los peligros que la acechan son muchos. Algunos de ellos son los mitos que los movimientos, las voces intelectuales y las organizaciones hemos generado. Hay que sacudirse los mitos y exorcizar a los demonios que vimos actuar en los meses pasados. Hoy la discusión ha bajado de tono. Es quizá el momento de rebasar los gritos y enfrentar abiertamente el debate para poder caminar hacia adelante. Expongo aquí seis discusiones que desde mi punto de vista son meros panfletos, pero que sin embargo enturbian la discusión profunda sobre los pasos de la izquierda y de los movimientos antisistémicos.

Mito 1. La posición zapatista divide a la izquierda.

Es el mito más recurrente y por tanto en el que nos concentraremos más. Escandalizadas por las críticas zapatistas, muchas voces se rasgan las vestiduras especialmente frente a las críticas sobre el candidato del Partido de la Revolución Democrática. Es un mito, porque se argumenta que la izquierda se divide con la posición zapatista, ¡como si partido y movimientos hubieran estado unidos todos estos años! La división de la izquierda y, especialmente la división entre partido y movimientos es una tendencia – algunos pensamos irreversible- que se enmarca en la crisis sistémica de los aparatos de representación y de la gradual y progresiva descomposición de las clases políticas todas en prácticamente todo el planeta.

La división entre partido y movimientos es una tendencia que se aceleró al menos, en los últimos ocho años en México bajo las siguientes fracturas:
a) una fractura orgánica, en la que la izquierda partidaria fue absorbida por la institucionalidad, la corrupción, el tribalismo, el pragmatismo, el chambismo y el clientelismo. La mayoría de la población no se siente cercana a esas prácticas, pero tampoco muchos movimientos y organizaciones de los cuales hablaremos más adelante.
b) una fractura ideológico-táctica. El PRD abandonó las calles y con ello, las luchas y movimientos seguimos nuestro camino…sin ellos. Con su caótica actuación en el movimiento estudiantil universitario en la UNAM se alejó de miles de jóvenes de izquierda; prácticamente disolvió los vínculos con los movimientos que luchan por la diversidad sexual; se alejó del movimiento indígena al aprobar una ley que no cumple con los Acuerdos de San Andrés. Prácticamente es inexistente su actuación en temas como las nuevas movilizaciones altermundistas y todos los temas de solidaridad y acción global: desde Palestina hasta Venezuela, desde los derechos indígenas hasta la represión de organizaciones sociales, el partido de izquierda hace mucho ruido pero hay pocas nueces en la calle, en la información, en la solidaridad, en la politización o en el acompañamiento de las luchas abajo que tratan de construir un país distinto.
El PRD y sus corrientes, seguros de que hoy la lucha es desde el poder, el congreso y los gobiernos, abandonó las calles y con ello a las luchas de abajo. Pero incluso ahí hay una tercer fractura, una de corte programático.

c) En su actuación legislativa y en su actuar como gobierno empieza a haber más prietitos que arroz: como ya dijimos aprobaron esa ley espuria que hizo que el zapatismo rompiera definitivamente con la clase política; en aquel momento- supuestamente sólo un error táctico-, nos dimos cuenta cómo era necesario tener una izquierda parlamentaria que hiciera posible que la voz de abajo entrara al Congreso, pero también nos dimos cuenta de su inutilidad si se habla como izquierda pero se vota como la derecha. Además, siguen teniendo errores “tácticos”, como ellos mismos los explican al aprobar por ejemplo, la ley de bioseguridad mejor conocida como Ley Monsanto, que abre aún más la posibilidad de la invasión transgénica en nuestro país y entrega lo que queda del campo mexicano a las multinacionales. Sin que bastara con ello, el propio candidato de izquierda saboteó la aprobación de la Ley de sociedades de convivencia en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que hubiera abierto la posibilidad de mejores condiciones de vida y legales para una parte de la población, incluyendo aquellas con una sexualidad distinta a la heterosexual. Tres leyes, tres movimientos, tres errores tácticos, tres fracturas. Pero hay más. Siendo gobierno, el PRD no impulsó la organización ciudadana o popular, en la Ciudad de México propuso políticas identificadas francamente con la derecha como la de “tolerancia cero” y favoreció a la iniciativa privada frente a la ciudadana en materia cultural. El Gobierno de la Ciudad, se inclinó por posiciones conservadoras en temas como la regulación de marchas y protestas, y su hoy candidato, incluso quiso prohibir festivales electrónicos masivos. Esas posiciones no sólo no son de izquierda, ni siquiera liberales. Son señales de división la creciente fractura programática que en el Congreso y en el Gobierno de la Ciudad ha significado el actuar de la izquierda institucional.Queriendo favorecer una alianza con los poderes fácticos en la Ciudad de México se realizaron numerosas acciones para acercarse a diversos sectores de poder, disfrazados de programas de gobierno. Ese es uno de los principales temas de división en la izquierda y es una fractura estratégica-etica con los movimientos.

d) Mientras la otra campaña propone construir abajo y a la izquierda, la izquierda partidaria pareciera que trata de convencernos de que su propuesta es arriba y a la derecha. Todas las señales del candidato y de los principales líderes de su partido tratan no de organizar, movilizar, politizar abajo y a la izquierda, sino negociar, aliarse, acordar con los poderes fácticos de poder, esos que precisamente impiden la construcción de un México más justo, libre y democrático. El programa de Gobierno de la Ciudad de México permitió generar el beneplácito de varios sectores económicos: el del sector empresarial de los espectáculos, que con la concesión del zócalo y el refrendo del permiso de operación de la Ciudad deportiva incrementó sus ganancias y su influencia en el Distrito Federal, en detrimento de la organización cultural y artística independiente y debilitando los espacios culturales fuera del mercado. El sector empresarial de la construcción, que con el enorme impulso del Estado para la generación de obras viales se vio beneficiado con múltiples contratos que se alargan más allá del Gobierno sexenal de la Ciudad. El del sector empresarial del turismo, que con el proyecto del Centro Histórico se signó también una alianza de largo aliento, que permite mayores ganancias para el sector privado expulsando a los pobres del primer cuadro. El sector empresarial del comercio, pero no cualquier comercio sino aquel de las grandes empresas transnacionales como Wal Mart, la cual, según los propios datos del Gobierno de la Ciudad, es la que recibe una mayor cantidad de compras con las tarjetas electrónicas con que el gobierno de la Ciudad favoreció a ancianos y madres solteras. La imposición (porque eso fue) de la candidata empresaria en el Estado de México por parte del candidato presidencial sólo confirma la estrategia de tratar de ganar apoyos y alianzas con ese sector. El affaire Robles-Ahumada es un buen símbolo de la cercanía “íntima” de la clase política y los empresarios “progresistas” que confirman la tendencia creciente en ese partido de lograr su alianza arriba y a la derecha.

Las numerosas invitaciones, colaboraciones y articulaciones con las empresas televisivas (especialmente Televisa) en innumerables actos, inauguraciones, coordinaciones y acciones conjuntas fueron parte de esa misma estrategia. El que el candidato hablara de someter a referéndum los derechos de la comunidad lésbico gay, o callar en temas como aborto o eutanasia, fueron lindas concesiones a la Iglesia para ganar si no su apoyo, al menos su visto bueno en el camino a la presidencia.Numerosos líderes partidarios e intelectuales no se asombran ni condenan esta alianza abierta y sin empachos. De hecho la aprueban y la evalúan “moderna”. A todos ellos se les olvida que para que alguien gane desmedidamente es necesario que alguien pierda exageradamente. ¿Quién gana y quién pierde con el Gobierno de la Ciudad de México?. Ganan los hoteleros, los empresarios del espectáculo, las compañías constructoras, las compañías transnacionales del comercio y hasta la iglesia. Pierden, los que siempre pierden con esos proyectos: los artistas y trabajadores de la cultura, los comerciantes ambulantes, los pobres del centro, los pequeños comerciantes que no pueden competir con Wal Mart, el movimiento gay. Mientras tanto, se le aplaude al candidato porque reparte tarjetas electrónicas. Los principales aliados del candidato de los pobres son los megaproyectos de inversión urbanos que aseguran las máximas ganancias a la elite mientras se reparten algunos recursos del Estado para los de abajo. Estabilidad y confianza arriba, estabilidad y apoyo abajo. Toda una estrategia.

Con la izquierda institucional hay cuatro fracturas, cuatro alejamientos, la orgánica, la táctica, la programática, y la estratégica. El Partido de la Revolución Democrática se quedó sin revolución y sin democracia y lo que quedó fue el partido. La división está conjurada desde hace tiempo. Nada tenemos que ver un enorme segmento de los movimientos con “ESA izquierda”. Lo que hace el zapatismo, como muchas veces ha hecho, es develar, revelar, decir lo que ven y confirmar lo que muchos veníamos diciendo. La izquierda ya no está ahí, no por una abstracta clasificación ideológica, (en la que muchos intelectuales se pierden) sino por lo claro de sus acciones, sus deformaciones, su estrategia, sus vicios y sus límites. Su historia y sus prácticas, pues. La división de la izquierda no está en un comunicado firmado por el Subcomandante Marcos sino en un proceso histórico de descomposición de ese partido. El problema, ergo, no es la posición zapatista, sino las cuatro tendencias de ruptura que hemos señalado. Descargar archivo completo Aqui

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