Jon Igelmo Zaldívar PDF Imprimir E-mail
Relaciones sociales en el aula: colectivismo y autogestión. Jon Igelmo Saldívar

En la actualidad resulta interesante observar como los mejores términos y conceptos de definen la práctica de las relaciones humanas van introduciéndose en el campo de la educación de forma indiscriminada. Primero fue la etapa de la igualdad de oportunidades, la no discriminación, el libre acceso al conocimiento; luego fueron encontrando su lugar en el discurso la democracia, la interculturalidad, la cooperación entre alumnos o el liderazgo participativo; y ahora es la era del colectivismo, las comunidades de aprendizaje o la autogestión. Ciertamente, la moda pedagógica nos conduce a una especie de altar donde reclamar los más profundos eslóganes políticos y sociales, porque como buena hija de su tiempo, la educación formal no es capaz de alejarse de los largos tentáculos de la moda, de la seducción y de lo efímero.

Por eso, para la argumentación que se presenta a continuación: bienvenida sea la moda. Más aún si de lo que se trata es de reflexionar del lugar que corresponden al colectivismo y la autogestión dentro del conflictivo espacio de las aulas. Para tal fin es importante dar un significado, como primer paso, a ambos términos de cierta inspiración y apariencia radical , para después vislumbrar su relación con el aula entendida como un espacio histórico y geográfico determinado.

Comenzando por la autogestión, desde mi perspectiva, dicho término se relaciona directamente con la autonomía, o mejor dicho; no existe al margen de un marco autonómico que los sostenga, o en su defecto, dentro de un ejercicio que busca la autonomía individual o grupal. Por eso creo importante señalar la forma en que comprendo la autonomía, esto es, la capacidad que una persona o un conjunto de personas posee para pensar, valorar y decidir sobre asuntos relacionados con su pensamiento, sentimientos y acciones.

De este modo, la autogestión en relación a la autonomía implica la capacidad que un individuo u organización tiene de administrar sus propios recursos y productos, sin intervención de instancias ajenas al marco autónomo. Me refiero a los recursos materiales, los recursos humanos, los recursos financieros o la propia administración del tiempo, así como a los productos que se derivan de su utilización. En este punto habría que cuestionarse sobre la viabilidad de una organización de ser completamente autónoma y autogestionable en un mundo globalizado económicamente.

Asimismo habrá que tener en cuenta lo vacíos que resultan los conceptos de autonomía o autogestión sin un marco social, político y económico donde queden definidos. Llegado a este punto cabe mencionar que la autogestión puede ser utilizada como argumento por muy diferentes concepciones políticas, que van desde un nacionalismo extremista, hasta un movimiento de fuerte ideología anarquista. Sin embargo en el último siglo se han desarrollado experiencias sumamente interesantes e innovadoras en el campo de la autonomía, que han vuelto a poner el debate en torno a su definición sobre la mesa.

En el campo de la educación y de las universidades, la experiencia de la huelga de la UNAM, resulta interesante no sólo para el análisis de los conceptos que ahora nos ocupan, sino también para analizar las consecuencias de su desarrollo dentro de un marco político, económico y social dominado por el neoliberalismo. Este movimiento de estudiantes y personal del campo académico, luchó por sus derechos educativos poniendo en práctica un modelo autónomo de autogestión, y experimentando dentro del campo del colectivismo. Las consecuencias son por todos bien conocidas, los errores cometidos han sido bastante analizados, y las acciones del gobierno quedaron tan unidas al pensamiento capitalista que no dejaron lugar a dudas respecto a su posicionamiento.

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