Participación Política de las Mujeres Indígenas PDF Imprimir E-mail
Grafica de Proceso Electoral 2000

Mapa

Les expongo resultados del trabajo de investigación titulado Resistencia y Participación Política de las mujeres indígenas de los altos del Chiapas (San Andrés Sakamchén (Larráinzar) y San Pedro Chenalhó) 1994-2000.

En este trabajo se parte primero del reconocimiento de que un sector de la sociedad ha estado ausente de los análisis históricos y políticos de México, constituido por las mujeres indígenas.

A 8 años del levantamiento armado del EZLN, las mujeres que mantienen la resistencia nos muestran una dignidad que nos obliga a reconocer el papel de las indígenas en la historia de la región y de México.

Indudablemente, el levantamiento zapatista del 1º de enero de 1994 marca un parteaguas en la caracterización social y política de las mujeres mayas tzotziles. Razón por la que pongo énfasis en la situación de las mujeres de las comunidades de la zona llamada ‘de conflicto’, es decir, algunos lugares en donde se produjo el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, dando lugar a la formación de Municipios Autónomos. Parto de ver a las mujeres en dos municipios de los Altos de Chiapas. El primero es San Andrés Larráinzar, que a partir de 1994, fue denominado por los zapatistas ,“San Andrés Sakamch’en de los Pobres”. Este municipio fue sede de los diálogos entre el gobierno mexicano y el EZLN, constituyéndose como el primer Municipio Autónomo Zapatista en el año de 1995. El otro municipio es San Pedro Chenalhó, en donde los indígenas simpatizantes o bases de apoyo del EZLN, organizaron el Municipio Autónomo de San Pedro Polhó, formado en el transcurso del proceso de diálogo sobre “Derechos y Cultura Indígena” y que recibió a los numerosos desplazados del municipio, sobre todo posteriormente a la masacre de Acteal, ocurrida el 22 de diciembre de 1997.

En el Mapa I, se muestran los municipios del estudio en el contexto de la región de los Altos de Chiapas, la ubicación de los 5 Aguascalientes y una proyección de la situación municipal de San Andrés y Chenalhó, señalando dónde está la sede de los Municipios Autónomos, además de los Nuevos Municipios producto de la reforma alborista.

Cabe hacer notar que mientras los Municipios Constitucionales responden a criterios político-geográficos, los Municipios Autónomos responden a criterios políticos-territoriales de su organización a lo largo de toda la región, mientras que los nuevos municipios, responden a criterios político-gubernamentales de respuesta divisionista a la organización popular, por lo que no han sido reconocidos por los Ayuntamientos Autónomos. En el mismo mapa, se muestra la presencia militar y paramilitar que acosa la región, marco en el que las mujeres indígenas llevan a cabo una histórica resistencia.


Cómo en la historia de larga duración, desde la sociedad prehispánica maya, hasta la mujer indígena contemporánea, pasando por la colonia y su importante papel en la resistencia en las numerosas sublevaciones indígenas, hasta la revolución mexicana que en Chiapas caracterizó a un movimiento contrarrevolucionario y la política agraria cardenista, la política indigenista que ha pretendido integrar a los pueblos indígenas, mediante programas de castellanización o de olvido de sus culturas, las mujeres han sufrido diferentes formas de dominación y opresión. Las indígenas han estado al margen de los derechos agrarios y han vivido cotidianamente la opresión étnica que se caracteriza por el predominio del racismo en su relación con los no indígenas de la región, del alfabetismo y monolingüísmo, reproduciendo una condición sobajada de la mujer subordinada, ante la que las mujeres indígenas zapatistas han destacando una lucha política múltiple que es necesario destacar.

Se puede decir, que desde el Congreso Indígena de 1974, todavía la presencia y protagonismo político de las indígenas no tenía presencia como sucede el 1o de enero del 94, en que las mujeres indígenas zapatistas no sólo despiertan y se quitan el velo de los ojos, sino que sumándose al levantamiento armado, dan un gran salto cualitativo en su acción social, sobre todo quienes destacaron en los diferentes cargos dentro del EZLN, en la toma de las ciudades de los Municipios de San Cristóbal, Ocosingo, Morelia, Las Margaritas y del centro de readaptación social de Rancho Nuevo.

Este salto nos permite hablar no sólo de resistencia, sino de una participación político-militar resuelta que contribuye a cuestionar al poder político a nivel nacional y regional y además se constituye en ingrediente que debilita el aparato de estado hegemónicamente priísta, al servicio de la política neoliberal. Este cuestionamiento ha 8 años del levantamiento se traduce a la vez en una crítica al sistema democrático representativo sustentado en los partidos políticos que en la región ha sido profundamente cuestionada.

Las mujeres zapatistas aportan importantes propuestas a la lucha feminista aún cuando sobre este punto cabe distinguir una numerosa gama de posiciones. Reclaman sus derechos colectivos como mujeres, pero también como campesinas explotadas y se niegan a concebir su movimiento parcialmente por la defensa exclusiva de los derechos femeninos o por la defensa exclusiva de los derechos indígenas, o por la defensa exclusiva de sus derechos agrarios como campesinas. Proviniendo de la extracción de clase campesina, las mujeres indígenas zapatistas reclaman la alianza con los trabajadores del campo y de la ciudad. Para ellas, la visión de su movimiento, tiene que ser integral, tiene que ver las condiciones de su lucha de clase, etnia y género como un todo, pasando por la crítica de la cuestión nacional. Su perspectiva se niega a ver solamente las condiciones globales de su sometimiento al capitalismo neoliberal. Plantean como fundamental concebir su lucha en lo nacional, pero también en lo local y comunitario, confrontando los "usos y costumbres" que las subyugan, pero tienen muy claro, que esta confrontación no es en contra de sus compañeros de lucha, sino en contra de las acciones de dominación que ellos reproducen. Y resuelven caminar en su proceso junto con ellos. De donde sientan las bases para una nueva visión de sus demandas en la legislación mexicana, a partir de la demanda planteadas en la Ley Revolucionaria de las Mujeres.

Aún a pesar de las condiciones de desigualdad de clase, de etnia y de género, las mujeres indígenas reconocen sus derechos políticos fundamentales, contribuyendo a poner en tela de juicio la cuestión nacional, a partir de las primeras pláticas de diálogo entre el EZLN y el gobierno, destacando en el Foro Nacional Indígena, bajo una gran cantidad de propuestas en la Mesa de los "Derechos y cultura de la mujer indígena".

Aún a pesar de las condiciones de desigualdad de clase, de etnia y de género, las mujeres indígenas reconocen sus derechos políticos fundamentales, contribuyendo a poner en tela de juicio la cuestión nacional, a partir de las primeras pláticas de diálogo entre el EZLN y el gobierno, destacando en el Foro Nacional Indígena, bajo una gran cantidad de propuestas en la Mesa de los "Derechos y cultura de la mujer indígena".

Aún a pesar de las condiciones de desigualdad de clase, de etnia y de género, las mujeres indígenas reconocen sus derechos políticos fundamentales, contribuyendo a poner en tela de juicio la cuestión nacional, a partir de las primeras pláticas de diálogo entre el EZLN y el gobierno, destacando en el Foro Nacional Indígena, bajo una gran cantidad de propuestas en la Mesa de los "Derechos y cultura de la mujer indígena".

Le aportan al feminismo, pero se distinguen del feminismo que ve sólo por los derechos femeninos sin visualizar la lucha de los intereses de clase dominantes y dominados. También se distinguen de los feminismos que se plantean como una lucha en contra del género masculino que se ha convertido en el agente inmediato de su subordinación y de su relación de subsunción al dominio en el ámbito familiar, planteándose como proyecto de vida, recuperar sus derechos en lucha en contra de actitudes, retomando y respaldando la defensa de sus derechos colectivos no desde la perspectiva del individualismo, sino como formando parte de una comunidad de intereses, en el ámbito comunitario y desde la perspectiva de su participación como milicianas, insurgentes, mayoras o comandantas en la organización político-militar que se constituye en el EZLN, o en las bases de apoyo que le respaldan.

En la historia de larga duración, los cambios de la conciencia "en sí", a la "conciencia para sí" de las mujeres, en el período de la coyuntura como la "conciencia para sí" de las indígenas de los altos de Chiapas, se va construyendo desde la década de los setenta, época en que se realizó el Congreso Indígena de 1974. Desde esa época se han venido produciendo los cambios en el comportamiento, actividades y actitudes de las indígenas de diferentes generaciones: desde su nacimiento, pasando por su niñez, juventud, madurez y vejez. La desvalorización que sufrieron las mujeres indígenas, aún bajo su cultura tradicional, en usos y costumbres patriarcales, han sido cuestionados en este proceso. En este sentido aquellas actitudes de género que preferían mejor el nacimiento de varones, al de las niñas, ha ido cambiando paulatinamente. Aunque en algunos lugares esta situación sigue igual.

La participación familiar y comunitaria de las niñas y de las jovencitas, se va tomando mayormente en cuenta. Las jovencitas que solían casarse a temprana edad, entre los 15 y 16 años, manteniendo un analfabetismo monolingüe, van desarrollándose a través de la educación formal e informal y ya cuentan con estudios de educación parcial o completa, contrayendo matrimonio más grandes, mediando su voluntad de decidir con quién van a formar una familia. A las mujeres adultas se les va permitiendo que administren el patrimonio familiar y participen en la comercialización de algunos de los productos agrícolas y artesanales. Esto les da lugar a participar cada vez más en la información de cuánto se produce y en la decisión de cómo se va a vender y a distribuir los gastos para la manutención familiar. Lo que sí es un hecho es que son más conscientes las mujeres de su gran aporte en la reproducción de la identidad indígena, la lengua y las costumbres, así como en la fortaleza de la reproducción de la unidad doméstica de la sobre vivencia en las condiciones de la resistencia, sobre todo en las bases de apoyo simpatizantes del zapatismo. Todos estos cambios van permitiendo la participación de las mujeres en asambleas del pueblo o en reuniones de sus cooperativas de tienda o de artesanías, pasando por una serie de dificultades que implican relaciones patriarcales predominantes todavía en la región.

En general constatamos que las mujeres campesinas participan en la producción y reproducción de la unidad campesina, aún cuando los censos las siguen considerando como habitantes que no participan como población económicamente activa.

Una gran variedad de organizaciones no gubernamentales, religiosas, políticas, sociales y político-militares, han contribuido en el cuestionamiento a los obstáculos que impiden el desarrollo íntegro de las mujeres. Aunque todavía el machismo tiene una fuerte presencia, las indígenas van reclamando sus derechos a estar organizadas y a exigir su necesidad de ser respetadas, escuchadas y tomadas en cuenta, desde el ámbito familiar, comunitario y político en el ámbito estatal (o estadual) y nacional. Así, después del 1o de enero de 1994, su participación social va siendo reconocida no sólo en las organizaciones campesinas, religiosas y/o no gubernamentales, sino además en las actividades organizativas de sus fiestas y más aún en las asambleas, aportando sus opiniones y decidiendo sobre la situación de su organización o comunidad.

Hay valores fundamentales que las mujeres indígenas zapatistas han mostrado: la dignidad, la fortaleza, la colectividad, la fuerza, la entrega, la claridad, la decisión. Se trata de valores que han sido visibles en la coyuntura del levantamiento zapatista, bajo una visión que rebasando sus intereses individuales, se plantean como portadoras de un mensaje que nos increpa a las mujeres del campo y de la ciudad, a que volteemos a ver nuestra situación individual, familiar, comunitaria y social, en el ámbito nacional y global, instándonos a cuestionar las condiciones de desigualdad y al rescate de nuestra dignidad y la fortaleza o debilidad que mostramos en nuestra vida cotidiana en los ámbitos de pareja, familiar, académico y político-social, en función de ciudadanos y ciudadanas inmersos(as) en una colectividad-nacionalidad que está siendo afectada por las condiciones del neoliberalismo que nos borra como individuos, ciudadanos, grupos, pueblos e historias.

Por eso es que este tema de la coyuntura que nos muestra la lucha de las mujeres zapatistas, nos remueve hasta lo más profundo de nuestro ser. Porque nos insta a decidir el camino que queremos seguir, como ciudadanas, mujeres, si al lado de nuestros hombres o en confrontación con ellos, si defendiendo nuestros intereses individuales, familiares, comunitarios, nacionales o internacionales, de género, clase, etnia y nación. ¿Hasta dónde queremos seguir?, después de percatarnos que este despertar de las mujeres indígenas zapatistas nos señalan hacia una dignidad que nos llama a decir que sí es posible levantar la mirada, levantar la voz y decirnos que nuestro papel político como ciudadanas puede contribuir a ser determinante y decisivo aún a pesar del sistema de partidos de estado, que limitan la participación independiente de cada uno(a) de los(as) integrantes de lo sociedad civil en el cuestionamiento, análisis, reflexión, decisión, de los asuntos que nos competen como nación mexicana.

La fortaleza que han mostrado las mujeres indígenas militares y no militares, es decir, aquellas que forman el grupo de insurgentes, milicianas, mayoras, tenientes, comandantas y las que forman parte de las bases de apoyo del EZLN, mantienen una resistencia que ha elegido el camino de la política para la resolución del conflicto armado. La participación política de las mujeres en el "Foro sobre Derechos y Cultura Indígena", en el proceso de diálogo entre el EZLN y el gobierno, nos apuntan a señalar que la participación política no es sólo en lo electoral, como había estado acostumbrado a concebir el Estado mexicano. Así han participado las mujeres también en cuestionar al régimen del partido de estado.

Las mujeres que mantienen la resistencia, nos dan muestra de una gran variedad de formas de participación política en México. En el trabajo mencionado se hace una relación de la situación de dos acciones: la resistencia y la participación política de las tzotziles en la historia de corta duración, desde el levantamiento del 94 hasta la actualidad en los municipios del estudio.

Reconociendo la participación del Estado, en la presupuestación programas sociales dirigidos al medio indígena de la llamada "zona de conflicto", reconocemos cómo las políticas del PROCAMPO, PROGRESA, OPORTUNIDADES, PROCEDE, vienen beneficiando sobre todo a aquellos indígenas que le dieron la espalda a los hombres y mujeres indígenas sublevados. Así las mujeres de "la costumbre", las mujeres priístas, mujeres desplazadas de la sociedad civil, han recibido apoyos económicos, que redundan en el marginamiento de los Municipios Autónomos, autodeclarados en resistencia, y en respaldo a las demandas del EZLN.

Si bien la participación masiva de las mujeres en la Convención Estatal de Mujeres Chiapanecas, desde 1994, trató de aglutinar el movimiento social de mujeres, a 7 años del levantamiento y bajo las condiciones de resistencia, nos encontramos con un tejido social cada vez más resquebrajado, debido a la guerra de baja intensidad que se mantiene en la zona. Numerosos grupos paramilitares, recrudecen la violencia en las regiones de la llamada "zona de conflicto", bajo estas condiciones se mantiene sin embargo una lucha callada en la resistencia social, económica, política, cultural, que rescata la salud, la educación, los municipios autónomos, la producción agroecológica, la comercialización independiente, como formas de protesta en contra de la falta de cumplimiento de los acuerdos firmados entre el gobierno mexicano y el EZLN.

Una relación de hechos nos llevó a reseñar los grados de violencia y momentos en los que la guerra de baja intensidad ha sido más fuerte y contrainsurgente, así como respuestas organizadas de parte de "los hombres y las mujeres de maíz", como se han autodenominado los zapatistas. En ellos la resistencia de las mujeres ha sido diferente. La masacre de Acteal en 1997, Chavajeval en 1998, las numerosas conmemoraciones al "Día Internacional de la Mujer", bajo condiciones de silencio, lucha, demanda, reclamo, discurso, dirigido a hombres y mujeres de sus pueblos, de la región, del estado, del país o en el ámbito internacional.

A 8 años de la lucha de los indígenas zapatistas, se reconocen en este trabajo, diferentes formas de resistencia decidida: resistencia económica, social, política y pluricultural. De las formas de participación política, se reconoce diferentes luchas en el terreno político en asambleas, consultas, arribo a consensos, marchas, mítines, el proceso de diálogo entre el EZLN y el gobierno y los diferentes discursos en los diferentes ámbitos, comunitario, regional, estatal, nacional e internacional. Una forma de participación política es la electoral pero además de la participación en las urnas para elección de Presidente de la República y representantes ante el Congreso de la Unión, es necesario reconocer el papel de las mujeres en la elección de sus representantes ante el Municipio Autónomo mediante sus usos y costumbres. Destacan además los discursos políticos de las zapatistas, como las Comandantas Esther, Susana, en la caravana del color de la tierra y los discursos políticos ante el Congreso de la Unión, centro político de nuestro país. Todas éstas son diferentes formas de participación política de las indígenas, en los ámbitos local, regional, estatal, nacional e incluso internacional.

El plebiscito y el referéndum, además de la ampliación de las demandas de género planteadas en la Ley Revolucionaria de las Mujeres pueden contribuir en la construcción de una democracia directa participativa que sumada a la democracia representativa, permita que hombres y mujeres de sociedad civil mexicana, ejerzan plenamente sus derechos sociales y políticos.

Así también, el abstencionismo ha sido una forma de participación política de las mujeres indígenas en resistencia, de la región del estudio. En los procesos de elección del 2000 grande ha sido el abstencionismo político en los municipios de estudio. La democracia representativa, no tiene consenso generalizado en Chiapas, para la elección de representantes a la Gubernatura, a los Congresos Estatal y Nacional (diputados y senadores, locales y federales), y al Presidente de la República. Aunque hay que reconocer que en los altos de Chiapas numerosas mujeres indígenas van mostrando su preocupación por saber quiénes nos van a gobernar.

De los resultados de los procesos electorales para Presidente en San Pedro Chenalhó, en el año 2000, nos llevó a reconocer un 50% de abtencionismo, que superó la elección mayoritaria que favoreció al Partido Revolucionario Institucional, encabezado por Francisco Labastida Ochoa con un 35% de votos, dejándole a la Alianza por México, representada por Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, un 10% de votos. La Alianza por el Cambio, encabezada por Vicente Fox Quesada, sólo obtuvo un 3% de votos, es decir, el Partido que logró el triunfo para Presidente de la República en el ámbito nacional, en los municipios del estudio, no tuvo consenso. En San Andrés por su parte, se obtuvo un abstencionismo del 51%, con una votación de 43% votos al PRI, un 2% para la Alianza por México, y un 1% por la Alianza por el Cambio, lo que nos lleva a concluir que en general en la región, predomina el abstencionismo, que se traduce en un rechazo a la política tanto federal como de partidos. Los resultados de los procesos electorales, resignifican la lectura de los triunfos de los diferentes partidos, aún cuando el debilitamiento del régimen del partido de estado, todavía cuenta con un importante sector que por presiones, extorsión o convicción siguen votando por el PRI.

Dentro de este contexto, destaca la participación de mujeres indígenas, que aceptan o rechazan los procesos electorales, porque tanto unas como otras van teniendo un papel activo en la defensa de sus posiciones.

Esta situación nos llevó a dar un salto en la reflexión política, del análisis de los hechos, a la reflexión política de conceptos que constituyen base de sustentación del discurso de la Ciencia Política. Hemos destacado y refuncionalizado la visión de varios conceptos que parten de la necesidad de construir una verdadera democracia que se base en principios de consulta, referendum y plebiscito que permitan una soberanía popular por encima de la soberanía parlamentaria ilegítima, en tanto la ejercen ciudadanos que formando parte de las Cámaras de Diputados y Senadores del Congreso de la Unión, asumen decisiones sin tomar en cuenta la voluntad general de los ciudadanos, como lo planteaba Juan Jacobo Rousseau en A la manera que sugiere Thomas Hobbes, en donde los funcionarios, una vez electos, se atribuyen el derecho de decidir por ellos mismos acerca del futuro, no sólo de los "derechos de los pueblos indígenas", sino de los "derechos de la nación entera", los legisladores mexicanos vulneran la soberanía de nuestro país.

Por eso es que replanteando una reflexión acerca de los objetivos y procederes de la Ciencia Política, se cuestiona a partir de la lucha de las mujeres indígenas en la resistencia. Se cuestiona el que esta disciplina, siga manteniéndose como el quehacer de la llamada "clase política mexicana", élite política, para pasar a la posibilidad de la construcción de una sociedad civil política, interclasista, que asuma y a la que se le reconozca el derecho de todos los hombres y mujeres mexicanos a ejercer la democracia representativa y directa. Bajo esta perspectiva, los procesos de sufragio son importantes para elegir a representantes ante el Congreso y el Ejecutivo, siempre y cuando, vengan acompañados de la práctica de la consulta de las acciones políticas que nos afectan tanto a hombres como a mujeres, indígenas y no indígenas. Si mediante el reconocimiento de la "autonomía", se concibe una nueva relación entre gobernantes y gobernados, ya no centralista, sino como práctica decisoria que considere a los ciudadanos y ciudadanas en la autodeterminación de procesos político-sociales, incluyendo la autodeterminación de los territorios, acerca de los recursos naturales de las regiones que se habitan, en defensa de la soberanía.

El planteamiento utópico, generalmente ha sido cuestionado por los hombres de ciencia. Sin embargo, se considera que existe la necesidad de hacer un nuevo replanteamiento de la transición a la democracia, que supere el régimen de partidos, retomando los lineamientos formulados en el proceso de diálogo en el "Foro para la Reforma del Estado", en el que participaron numerosas mujeres indígenas de la región. Existe la necesidad de que se que haga partícipes a los ciudadanos y ciudadanas en las propuestas de desarrollo en el ámbito regional, estatal, nacional e internacional, en beneficio de las mayorías de hombres y mujeres indígenas y no indígenas. En este caso, numerosos centros universitarios y organizaciones sociales de hombres y mujeres plantean que las propuestas del Plan Puebla Panamá y los Acuerdos de Libre Comercio de las Américas, se tienen que someter a plebiscito, regional y nacional. La participación de las mujeres tzotziles en encuentros estatales y nacionales, así como en movimientos de mujeres en el ámbito regional y estatal, hermanan a las diferentes etnias que van cobrando conciencia de sus problemas económicos, políticos, sociales y culturales, bajo el clima de tensión que se vive en la zona.

Retomando a Carlos Lenkensdorf queremos seguir aprendiendo del "nosotros" de los pueblos mayas, de sus mujeres. "De alguna manera, contagiados (y contagiadas) por el nosotros, hemos buscado obtener, un efecto, una visión "desde adentro", para superar un poco la ignorancia que predomina hasta hoy en día". A través del reconocimiento "del otro", es decir del "yo-tu" como diálogo necesario, como lo planteaba Levinas, queremos avanzar todavía más hacia el repensar ese diálogo entre colectivos: lo político a partir del "Nosotros" incluyente de pueblos indígenas y no indígenas en una nueva perspectiva. Buscamos seguir aprendiendo de una relación interétnica y pluricultural que puede redundar en un ejercicio político y social más participativo. De ellos y ellas tenemos que aprender el "nosotros y nosotras" y asumirlo en nuestro hablar, escuchar y trabajar en consecuencia con ello, es decir, llevar a la práctica lo que sentimos y lo que decimos, bajo un nuevo reconocimiento de nuestra territorialidad, como Nación y como pueblo. No cabe duda que un análisis de las prerrogativas a ciudadanos y partidos a lo largo de todo el siglo XX, nos puede llevar a pensar la equidad en términos de derechos tanto de género como de etnia, de clase y nación, que permitan reconsiderar los aportes a la política global, de la participación de las mujeres indígenas en la lucha zapatista que irrumpió en enero de 1994, en el estado de Chiapas. Se requiera una comunicación con las indígenas, intercambios entre las mujeres del campo y de la ciudad, en el rescate de nuestra dignidad. El "Nosotros(as)" puede tender alguna relación de mutuo aprendizaje de experiencias. Puede ver la "voluntad general", pero ya no excluyente de individuos aislados y el Estado, sino incluyente de colectivos, con el Estado; reconocer por sociedad y Estado, "el mandar obedeciendo".

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Participación Política de las Mujeres Indígenas
María Isabel Pérez Enríquez