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TRABAJO Y NO TRABAJO
Heber Matus Escarpulli

La relación entre la vía sexual del trabajador y la realización de su trabajo, es de importancia decisiva. No se trata de que el trabajo desvíe la satisfacción de la energía de tal forma que entre mas se trabaje, menos necesidad se tenga. Por el contrario: entre la satisfactoria es nuestra vida, mientras más placentero es nuestro trabajo, si todas las condiciones externas son favorables, la energía satisfecha se convierte espontáneamente en un interés por el trabajo no enajenado y en una necesidad de actividad creadora.

El trabajo es la base de la existencia social del hombre, es la más sobresaliente de toda teoría social. Sin embargo, el problema no es saber que el trabajo es la base de la existencia humana. El problema se refiere a la naturaleza del trabajo: ¿está o no de acuerdo a las necesidades biológicas de las masas?

La teoría económica de Marx, probó que todos los valores económicos son producidos por la fuerza de trabajo viva de los hombres y no por la materia muerta del dinero.

Como única productora de valores, la fuerza de trabajo humana merece que nos ocupemos de ella. En una sociedad que vive bajo las normas de una economía de mercado, que no es una economía de uso, no se cuida ni se respeta la fuerza humana de trabajo. Como cualquier otra mercancía, esta fuerza de trabajo es comprada y usada por los propietarios de los medios de producción (sea el estado o capitalistas individuales). El salario que recibe el trabajador corresponde aproximadamente al mínimo que necesita para reproducir su fuerza de trabajo.

La economía de ganancia no tiene el menor interés por cuidar a la fuerza de trabajo, ya que la progresiva mecanización y la racionalización del trabajo desocupan tanta fuerza de trabajo que es fácil reemplazar la usada por otra.

La Unión Soviética abolió la economía de ganancia privada, pero no de la economía de ganancia estatal. Al principio trató de transformar la racionalización capitalista del trabajo en una racionalización socialista del trabajo”.Liberó las fuerzas productivas del país y disminuyó las horas de trabajo en general; así pudo superar el desempleo de la grave crisis de 1929-1932. No cabe duda que las medidas economicistas de la Unión Soviética que en un principio, eran parcialmente socialistas, le permitieron satisfacer las necesidades de toda la comunidad. Pero el problema fundamental de una auténtica revolución es la democracia del trabajo, que consiste en transformar la esencia misma del trabajo para que éste deje de ser una obligación onerosa y se convierta en la satisfacción placentera de una necesidad.

El análisis caracterológico de la función del trabajo humano (las investigaciones en este dominio no están terminadas) nos ofrece una serie de indicios que hacen posible resolver el problema del trabajo no placentero de una manera práctica. Se pueden distinguir con bastante exactitud, dos tipos fundamentales de trabajo humano: el trabajo compulsivo que no proporciona ningún placer y el trabajo natural y satisfactorio.

Para comprender esta diferenciación, debemos liberarnos ante todo de algunas de nuestras apreciaciones importantes de la “ciencia mecanicista” acerca del trabajo humano. Loa sociología experimental solamente considera la cuestión de qué métodos proporcionan el máximo rendimiento en la utilización de la fuerza de trabajo humana. Cuando se habla del placer del trabajo, se piensa en el trabajo de un sabio o de un artista. La teoría sicoanalítica del trabajo comete el error de orientarse exclusivamente en función del trabajo intelectual.

La Investigación del rendimiento del trabajo basada en la sicología de masas tiene como punto de partida la relación del trabajador con el producto de su trabajo. Esta relación tiene un fondo socio-económico y está en relación con el placer, que el trabajador obtiene de su trabajo.

El trabajo es una actividad biológica fundamental, la cual, como la vida en general, está basada en las pulsaciones placenteras.

El placer que un trabajador “independiente” o un investigador obtiene de su trabajo no puede ser determinado como la norma de trabajo general.Desde el punto de vista social (es la única apreciación que interesa a la sociología) en el siglo XX, el trabajo esta regido totalmente por las leyes del deber y la necesidad de asegurar) la subsistencia. El trabajo de los cientos de millones de asalariados de todo el mundo no les proporciona ningún placer ni ningunasatisfacción biológica. Se basa esencialmente en el trabajo obligatorio. Se caracteriza por el hecho de que se opone a la necesidad biológica de placer del trabajador.

Se caracteriza por el hecho de que se opone a la necesidad biológica de placer del trabajador. El trabajador no tiene interés en el producto de su trabajo; por tanto, el trabajo es molesto y está desprovisto de placer. El trabajo basado en la coherción, no importa de que clase, y no en el placer, no solamente es insatisfactorio biológicamente, sino muy poco productivo en términos económicos.

El problema es grave y no se conoce mucho de él. Para comenzar, trataremos de dar una imagen general. Está claro que el trabajo mecánico, biológicamente insatisfactorio, es producto de una concepción mecanicista de la vida y de una civilización basada en la máquina. ¿Puede la función biológica del trabajo conciliarse con la función social del trabajo? Esto es posible a condición de transformar radicalmente nuestros conceptos e ideas tradicionales. El artesano del siglo XIX tenía todavía una relación total con el producto de su trabajo. Pero cuando, como en una fábrica de la Ford un trabajador tiene que realizar la misma operación año tras año, siempre trabajando en un detalle y nunca en el producto final, resulta fuera de lugar hablar de trabajo satisfactorio.

La división especializada y mecanizada del trabajo, junto con el sistema de retribución del trabajo en general, impide al trabajador establecer relación con la máquina. Se objetará que hay una necesidad de trabajar, que el placer de trabajar es un don “de la naturaleza” que acompaña al acto mismo del trabajo. Realmente hay una satisfacción biológica en la actividad, pero las formas en las que esta actividad es oprimida por la economía del mercado, eliminan el placer del trabajo y el impulso para trabajar y evita que éste se manifieste espontáneamente.Indudablemente, esta es una de las tareas más urgentes de la democracia del trabajo para armonizar a la forma y condiciones del trabajo con la necesidad y el placer de trabajar, en resumen, para abolir el antagonismo entre el placer y el trabajo. Aquí se abre un nuevo y amplio campo para el pensamiento humano: ¡sería posible y como lo sería, conservar la racionalización y la mecanización del trabajo sin eliminar el placer de trabajar? ¿Se podrá llegar a un sistema que permita al trabajador conservar el contacto con el producto terminado sin suprimir la división del trabajo. La alegría de la vida aplicada al trabajo es un elemento esencial y absolutamente indispensable para la reestructuración del hombre destinada a hacer del esclavo del trabajo que era, en el amo de la producción.Cuando se restablezca la relación inmediata entre el hombre y el producto de su trabajo, el trabajador asumirá gozosamente la responsabilidad de su trabajo, que hoy ignora y rechaza.

Uno puede citar a la Unión Soviética y decir ustedes demócratas del trabajo son utópicos y visionarios, a pesar de su pretensión de ver la realidad sin sentimentalismos. En la Unión Soviética, “paraíso de los trabajadores”, ¿dónde está la abolición de la división del trabajo? ¿Dónde está el placer por trabajar? ¿dónde está la abolición del salario y de la economía de mercado? ¡Los resultados de la revolución de los trabajadores prueban qué tan ilusorias son las apreciaciones epicureistas del trabajo! Esta es la respuesta a esa objeción: En 1944 el misticismo de las masas era más fuerte que nunca, a pesar del progreso de la ciencia. Si un objetivo dado, en este caso la racionalización de las masas humanas, no ha sido realizado, no es ese un argumento contra la posibilidad de su realización. La pregunta fundamental subsiste: ¿Es el objetivo del trabajo placentero una meta realista o utópica? Si es una meta realista y si es intensamente deseada por todos, entonces debemos preguntarnos ¿qué está impidiendo su realización? Esta pregunta pertenece tanto al campo de la técnica como al de la ciencia. Si aún no ha sido posible escalar la cumbre del monte Everest, eso no significa que sea una hazaña imposible ¡es cuestión de los últimos 800 metros!

Así las divergencias fundamentales entre la democracia del trabajo y la política se muestran de manera clara y simple: nuestros periódicos están llenos de discusiones políticas que no toman en consideración ninguna dificultad en el proceso de trabajo de las masas. Esto es comprensible, porque los políticos ignoran el trabajo. Si imaginamos (una comunidad con democracia del trabajo, ésta excluiría toda irracionacionalidad de sus periódicos y ella misma se dedicaría a la discusión del trabajo ¡placentero, las masas trabajadoras mandarían sugerencias y proposiciones que excluirían a los politiqueros. Imaginemos la alegría de los jefes de taller, de los ingenieros, de los obreros especializados de poder describir cada aspecto y cada paso del proceso de trabajo, proponiendo inventos, mejoras, etc. Sería una buena emulación. Habría discusiones animadas. Sería maravilloso. Fueron necesarios siglos antes de que se tuviera la idea de construir fábricas como casas de descanso y no como prisiones, de construirlas con mucha luz, buena ventilación, baños, cocinas, etc. La presión de la economía de guerra introdujo la música de radio en las fábricas. Este proceso se ampliaría al infinito si los trabajadores y no los políticos tuvieran el control de la prensa.

En los primeros cinco años de la economía Soviética había algunas iniciativas que iban en el sentido de la democracia del trabajo. Se hizo un entrenamiento especializado de la joven generación y todo el esfuerzo fue para dar a hombres y mujeres una preparación profesional completa. De esta manera se hizo un intento para compensar los inconvenientesde la división del trabajo. El abismo entre el trabajo “físico” y el “mental” se redujo. La juventud fue preparada intelectual y manualmente para la vida profesional, aunque cualquier miembro de la sociedad podía ser empleado en cualquier otra fase del proceso de trabajo. Los trabajadores de grandes empresas eran cambiados periódicamente de un trabajo a otro. Trabajadores de grandes empresas eran intercambiados. Cuando los trabajadores especializados llegaban a la dirección de una empresa, regresaban a las máquinas después de un tiempo para evitar que perdieran el contacto con el trabajo y se convirtieran en burócratas administrativos. La autoadministración de las empresas se expresó en el establecimiento de la así llamada dirección tripartita. Toda empresa era administrada por obreros que eran elegidos para este propósito por los trabajadores, de esta manera todos los empleados participaban directamente en la administración. Se realizaban “Conferencias especiales sobre producción”; estos y otros muchos hechos demostraban que se hacía un esfuerzo para restablecer la unidad entre el placer y el trabajo. En este punto, los opositores de la democracia del trabajo, señalarán con gusto que la mayoría de estas mejoras no se pudieron mantener, que, por ejemplo, las conferencias sobre producción del personal de la empresa degeneraron en meras formalidades, y con el curso del tiempo fueron totalmente eliminadas. A esto contestamos: Los hermanos Wrigt pudieron votar a pesar de que Dédalo e Icaro en la antigüedad y Leonardo da Vinci en la Edad Media, fracasaron en sus intentos por lograrlo. Los primeros intentos para administrar las empresas de la Unión Soviética, dentro de la democracia del trabajo, fallaron porque la reestructuración de la dirección de las empresas no fue simultánea con la de la estructura humana. Esta fue lección y la próxima vez se hará mejor.

La dirección tripartita y la autoadministración de las empresas se suprimieron cuando un simple director se convertía en jefe de una empresa y asumía la responsabilidad de la marcha de los negocios y por este hecho adquiría una posición autónoma de dirigente. Este “director” provenía realmente de los trabajadores, es decir, del personal de la empresa, pero este “dirigente autónomo” pronto se revestía de todas las características de un capataz, burócrata o patrón, que había perdido todo contacto con los trabajadores. Es aquí donde encontramos el origen de la “nueva clase dominante” de la Unión Soviética. Pero esto no contradice el hecho de que todo proceso de trabajo es por naturaleza y por necesidad un proceso de la democracia del trabajo. La autogestión del trabajo es espontánea.

Es cuestión de cambiar la estructura siquica del trabajador de tal forma que la democracia natural del trabajo se libere de los estorbos burocráticos y pueda desarrollar sus propias formas y organizaciones.

El demócrata del trabajo que está familiarizado con los procesos del trabajo, no niega las dificultades; por el contrario, trata de comprenderlas: superarlas. No experimenta placer con el hecho de que existan dificultades, contrariedades, errores, ¡no como el político que funda sobre estos errores su poder sobre las masas, con aires de triunfo. El demócrata del trabajo no utiliza estos fallos para tratar de demostrar que la economía de uso es imposible y que el hombre es inmutable; sino que a partir de esos errores aprende a hacerla mejor la próxima vez. Un cojo puede reírse del corredor que no puede saltar un obstáculo.

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentó el gobierno soviético, al principio, fue el hecho de que los trabajadores especializados e interesados, mostraban poco entusiasmo por la política. Como ejemplo citamos la declaración de un funcionario: “…lo más importante es el amor al oficio. Los trabajadores calificados del partido. Siempre están contentos con su ocupación y buscando nuevas formas para mejorar el proceso de trabajo. Son muy responsables. Cuando uno conversa con ellos y les pregunta por qué no se alivian al partido, la respuesta es, que no tienen tiempo. “Me interesa” dicen, “encontrar métodos para mejorar el acero y la mezcla de concreto”. Inventan herramientas, etc.

  • Es precisamente en esos trabajadores, en los que estamos interesados, pero aún no hemos encontrado la forma de atraer su interés político” a pesar de todo son los mejores trabajadores y los más desarrollados. Siempre están activos buscando la forma de mejorar la producción”.

¡Este funcionario señaló una de las cuestiones básicas de la relación entre la política y el trabajo!

Los políticos no entienden absolutamente nada de los problemas técnicos del proceso del trabajo, están completamente aislados del trabajo real.

Los políticos con su actividad e ideas socialrevolucionarias eran incapaces de deducirlas del proceso mismo de trabajo, simplemente no sabían nada acerca del trabajo. Y trataban de acercarse a los trabajadores con ideas abstractas, acerca de la alta política del estado, que carecen de interés para los trabajadores. Sin embargo, todo detalle de la democracia del trabajo puede ser desarrollado de una manera original a partir de los aspectos técnicos del trabajo.

¿Cómo vamos a organizar nuestra empresa si tenemos que organizarla? ¿Qué dificultades tendremos que enfrentar? ¿Cómo racionalizar la empresa para facilitar nuestro trabajo? ¿Qué tenemos que aprender para dirigir nuestra empresa? ¿Cómo vamos a organizar nuestras casas, comidas, el cuidado de los niños?, etc. Tales preguntas conciernen a todos aquellos que realizan un trabajo responsable con la conciencia de que esta empresa es nuestra y por lo tanto, los problemas son nuestros y nosotros debemos resolverlos, nadie más.

La enajenación del trabajador por su trabajo sólo puede superarse si los trabajadores aprenden a dominar los aspectos técnicos de la empresa a la cual, después de todo ellos mismos mantienen funcionando en todos sus aspectos. De esta manera la braca entre el trabajo y la responsabilidad social que es la ruina de la vida social, se elimina. El trabajo y la responsabilidad social deben estar unidas. Esta unión eliminaría la contradicción entre el trabajo y el no trabajo o satisfactorio.

Wilhelm Reich, “ La psicología de las masas del fascismo”, Edición Payot , Col. Petite BibliothéquePayot, N° 244, Paris, 1972.