Simone Savona PDF Imprimir E-mail

Presentación de la contribución de Simone Savona:

“Michel Foucault: una analítica del poder,

hacia la rebelión y la autonomía”

¿Quién es Michel Foucault?Presentación de este raro pensador francés (1926-1984), que no se puede clasificar en ninguna disciplina, no siendo simplemente ni filósofo, ni teórico de la política, sociólogo, historiador o sexólogo. A menudo el pensamiento de Michel Foucault ha sido descuidado de las ciencias políticas y sociales, por qué en sus estudios sobre los problemas de la sociedad, utiliza nuevas categorías de análisis, con la intención de reformular las representaciónes tradicionalesdel poder y de la política e introducir perspectivas de análisis radicalmente alternativas.

Es importante pararse en la metodología de la búsqueda histórica adoptada de Foucault, porque es gracias a esa que él tiene éxito en reformular algunas de las interpretaciones filosóficas consideradas a menudo como adquiridas por la teoría política tradiciónal, y en localizar los dispositivos de poder y producción del saber.

Foucault rechaza concebir la historia en términos de totalidad, es decir, de un proceso continuo y progresivo, orientado hacia una finalidad que, de alguna manera, está presente desde el origen. Para Foucault, las ideas, las experiencias y los problemas que los individuos hacen frente cada día, tienen una historia, que se puede descubrir a través de las perpectivas de busqueda “arqueólogica” y “genealogíca”. En sus trabajos se encuentran por lo tanto entrelazados con eficacia las fuentes más variadas, de los trabajos literarios y filosóficos a las relaciones de la policía, de los actos gubernamentales a los informes médicos.

Para Foucault, la historia se concibe no más como el informe abstracto y neutral del pasado, sino como una acción relacionada y subordinada con la utilización de sus hallazgos que se hace en la actualidad. La búsqueda historica se utiliza para intentar de descubrir los mecanismos que concurran con el poder de producir conocimiento y penetrar cada aspecto de la vida de cada día. En esta perspectiva, la crítica de las estructuras de poder no puede asumir una forma generalizada: cada ámbito debe ser examinado de manera separada, para revelar cuando y porque apareció en la historia una institución o una disciplina científica.

La microfísica del poder. Foucault utiliza una concepción del poder que va mas lejos del acercamiento economicista tradicionalmente usado de la teoría política –liberal y marxista-, que está centralizado sobre todo en los asuntos relativos al estado y a la soberanía. El mismo término "poder" es utilizado en cuanto abreviatura de la expresión "relaciones de poder", que son todas las relaciones humanas que el individuo vive cada día. Son por lo tanto relaciones que no son fijas, sino fluidas y cambiantes, y que se pueden encontrar en los varios niveles, bajo varias formas. El poder es omnipresente, ejercido desde innumerables puntos: "está en todas partes; no porque abarque todo, sino porque proviene de todas partes", nos dice Foucault.

La cuestión no es que es el poder en sí, sino cómo se ejerce, que tácticas y estrategias sigue, cuáles son sus mecanismos de normalización. Entonces, al modelo teórico tradicional, él no enfrenta una nueva teoría del poder, sino una diferente perspectiva, que actúa en el plan de una “analítica de las relaciones de poder” y tiene éxito para escogerlas en la sociedad en el momento en el cual producen efectos reales sobre los individuos, condicionan sus deseos y sus comportamientos, los constituyen como "sujetos". Desde este punto de vista, podemos distinguir dos sentidos del término “sujeto”: “sujeto”, sometido por el control y la dependencia de otro; “sujeto”, ligado a su propia identidad por las prácticas y el conocimiento de sí.

Foucault señala la ubicuidad del poder y la inexistencia de personalidades formadas al margen o independientemente de los efectos de aquel. Esto porque el poder, más que una entidad con esencialmente funciones negativas y represivas que se manifestan en la forma de opresión, dominación o control, funciona productivamente, gesta al individuo. Según Foucault, el poder tiene éxito al preservarse y al fortalecerse precisamente porque se basa en una red productiva eficaz que atraversa a toda la sociedad y que produce efectos positivos al nivel del deseo, del placer, y en particular del saber.

El saber es una condición de su ejercicio estratégicamente esencial para el funzionamento general de la sociedad. Para Foucault, poder y saber se alimentan y se apoyan recíprocamente, estableciendo una relación que cruza la gama entera de las relaciones sociales. Todos los puntos del ejercicio de el poder en la sociedad moderna son contenporáneamente lugares de formación de un saber: las instituciones, la universidad, la familia; todos colaboran con la creación de un régimen de la verdad, el cual garantiza la extensión continua del saber de la sociedad y la reproducción de la sociedad bajo la cara del saber.

  • El poder disciplinario y el poder de control. El nexo entre poder y saber encuentre su más explícita aplicación con la disciplina, una “tecnología política” elaborada en el siglo XVIII y articulada en varias instituciones, como son la escuela, la fábrica, la prisión y el manicomio. El libro “Vigilar y castigar“ se adentra en el universo carcelario para estudiar el surgimiento y la extensión de las formas de disciplina en cuanto que técnicas que permiten la producción de una determinada subjetividad.

El poder disciplinario funciona a través del entrenamiento, de la vigilancia, y sobre todos, para medio de un conjunto de prácticas y de conocimientos que son orientados sobre los individuos para conformarlos a códigos determinados de comportamiento, a determinados modelos de salud, capacidad, costumbres, es decir a eso que viene reconocido como la norma de la sociedad. La "norma", "el individuo normal”, no son otros, para Foucault, que el resultado de una constante práctica de dominio que se ejerce articulando y aplicando al mundo un plano normativo que determina la manera de la cual el ser humano tendría que ser.Gracias a la eficacia y al invisibledad de el poder disciplinario, la norma aparece por lo tanto como una regla natural, que trabaja a través de la oposición entre el normal y el anormal, y en el nombre del cual el individuo es estimado, catalogado, juzgado, y eventualmente corregido.En este sentido ha de entenderse que el poder disciplinario es una estrategia de normalización.

Foucault pone su atención en el tipo de racionalidad política que acompaña la generalización de las disciplinas en la sociedad entera y en el cambio de objetivo de las prácticas de dominio, en el momento en el cual ellas no miran más simplemente a individuos aislados que transitan en las prisiones, o en las fábricas, sino a “salir” de aquellas instituciónes y difundirse y encontrar aplicación en el todo el cuerpo social. Para conseguir este objetivo, el poder necesita de un organismo de control capaz de llegar hasta los individuos más aislados y los fenómenos más elementales del cuerpo social, y de recoger informaciónes sobre todos y todas, a través de un sistema de identificación y de clasificación. Con la introducción y la extensión de la policía en la organización del estrado, se encuentra eso tipo de poder que va más allá de la simple voluntad del rey, ya que el control de la vida social diaria pasa en primer lugar a la observación, así que el poder puede tener exito en la produción constante de un conocimiento de la sociedad.

El objeto de la policía no es más la vida del solo individuo, sino la "población", es decir un grupo de seres vivos que viven en una área determinada. La preservación de la vida y el cuidado del bienestar físico de la población aparecen como un objetivo político fundamental que la policía del cuerpo social debe asegurar a través de la regulación económica y del mantenimiento del orden. Es el desarrollo de la sociedad capitalista que hace necesario, no solamente el entrenamiento y el obediencia, sino también la división y la distribución en los espacios de los trabajadores. Entonces, es necesario que el poder, conjuntamente con una multitud de hombres a gobierne y sea eficaz como si fuera ejercitado sobre uno solamente.

  • El biopoder, la guerra y el racismo. Para enfrentar la regulación de los fenómenos conectados a la entidad "poblaciónal", emerge una nueva tecnología de poder que utiliza y integra los dispositivos de vigilancia y de adiestramiento de los individuos, y sin embargo no puede ser definida como "disciplinaria". Esta tecnología, afirma Foucault, se sitúa sobre otro nivel, tiene otra superficie de aplicación y utiliza instrumentos diferentes, estudia al hombre no como "cuerpo útil", sino como "ser viviente". Foucault define esta nueva tecnología "biopoder", el poder que se ejerce directamente sobre la vida. Entonces, hay que entender por “biopolítica” la manera en que, a partir del siglo XVIII, se buscó racionalizar los problemas planteados por la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de vivientes en cuanto población: salud, higiene, longevidad, raza.

El biopoder se refiere a una tecnología en la cual el que está directamente en juego no es solamente el control de las poblaciones, sino la producción de la misma vida. La función de este poder es dominar la vida humana en cada aspecto y su primera tarea es de administrarla: la vida se convierte en el blanco del poder, el instrumento de su funcionamento óptimo. No es más la vida que dona el nacimiento al estado, sino el estado que constituye la vida en objeto de poder y de conocimiento.

Gracias a esta lógica de ejercicio del poder, la pena capital es siempre más limitada y utilizada solamente para "los que son para los otros una especie de peligro biológico". Sin embargo, la substracción de la vida del súbdito permanece en vigor, y antes aumenta al exceso, y se converte en una modalidad que se practica como excepción, pero con la legítimidad del nuevo concepto de las relaciones entre la guerra y las poblaciones, el territorio y la seguridad. Las guerras, que asumen una crueldad previamente increíble, no se hacen más en el nombre del rey que debe defenderse, sino se hacen en el nombre de la existencia de todos.

La muerte se presenta ahora como la consecuencia necesaria de la necesidad de conservar la vida, garantizar la supervivencia de la raza o de la nación frente a un peligro. En el momento en el cual el poder del estado se define como biopoder, nos dice Foucault, el racismo representa la sola "condición de aceptación” para el cuerpo social, del viejo derecho soberano de matar. El racismo funciona como una separación "entre el que debe vivir y el que debe morir" y hace una jerarquía entre los grupos al interior de una población.

Gracias al racismo, el poder de vida y de muerte llega a ser compatible con el ejercicio del biopoder, puesto que permite de establecer una relación positiva de la exposición a la muerte de una parte de la población: la muerte del “otro”, de la raza inferior (o degenerada), hará más sana y más pura la vida de los demás. Activando el discurso de la raza, y con la ayuda de las teorías biológicas de la evolucíon que se desarrola a partir del siglo XIX, el estado puede reivindicar la legítimidad y la necesidad de la guerra y la substracción de esa vida que tendría que extender.

Llega a ser por lo tanto comprensible la razón por la cual los estados que acabaron con las peores crueldades del siglo XX, son también, y necesariamente, los más racistas. En esto sentido, el régimen de poder desarrollado para los nazis es un ejemplo evidente, por quéha llegado hasta las estrema consecuencias el vincúlo entre el derecho soberano de matar y los mecanismos del biopoder. Sin embargo, este vincúlo es insertado en el propio funcionamiento de todos los estados modernos que obedecen a las reglamentaciónes del biopoder. El régimen nazi ha sido solamente las primeras encarnaciones de este nuevo tipo de poder, acerca del cual, nos dice Foucault, la sociedad debe defenderse, también con la rebelión.

  • Resistencia y autonomía. Elaborar una concepción de poder, para Foucault significa proponer un instrumento de análisis con raíces en las luchas concretas, con el fin declarado de descubrir las posibilidades de resistencia a las formas múltiples de poder. El interés de Foucault, sigue siendo conectado con la determinación, en el momento en el cual el poder toma la vida como objeto de su ejercicio, de eso que crea resistencia desarrolando nuevas formas de sujeción y formas de vida que se escapan al biopoder. La "vida" y el hombre en cuánto "ser viviente" son el objetivo de las nuevas luchas políticas y las nuevas estrategias de la resistencia. Y esta introducción de la vida en la historia, o en la "bio-historia", constituye una innovación radical en la historia de la humanidad. Es en el momento en el que la vida y su código genético constituyen la nueva materia prima del proceso del valorización de la economía, que la misma vida se puede declinar como el momento original y constitutivo de la oposición entre este proceso, como lugar donde experimentar relaciones sociales diversas de esas existentes, como espacio en el cual desarrollar una nueva resistencia, precisamente biopolitica.

La simple existencia de relaciones de poder presupone formas de resistencia, no como efectos externos o consecuencias del ejercicio del poder, sino como caracteres inherentes a las mismas relaciones de poder. Dado el carácter exclusivamente relacional del poder, las resistencias no tienen que ser percibidas como fenómenos coyunturales o accidentales, sino como un elemento fundamental de la relación estratégica que constituye el poder, su "límite indesmontable".

Conviene recoger un aspecto no siempre suficientemente valorado en la concepción de poder de Foucault: la íntima relación entre poder y libertad. El poder se ejercita sobre quienes aún tienen cierta posibilidad de elegir. El ejercicio del poder requiere al propio tiempo un grado de libertad en los sujetos sometidos. Foucault insiste muchas veces en que el ejercicio del poder presupone un grado de libertad de los sujetos. Conviene pues insistir en que poder y libertad, resistencia y evasión, son para este pensador rasgos inevitables de la interacción humana.

"Resistir" no significa simplemente decir no: para Foucault el término "resistir" tiene un significado sobre todo positivo, es decir tomar activamente parte en un proceso constituyente en la transformación de la sociedad. Si aceptamos la visión que donde hay poder hay resistencia, entonces se puede decir que como el poder y la opresión son en todas las relaciones sociales, el mismo vale para la resistencia, que es también múltiple e integrable en estrategias globales.

En la sociedad contemporánea, la resistencia no es más, si nunca lo fue, fundada en las divisiones de clase, y finalizada a la derriba general y definitiva del poder. Antes bien, los puntos de resistencia son "difuminados y descentralizados", se basan siempre y directamente en la situación en la cual luchan. Y si el estado es una codificación de las relaciones de poder múltiples que cruzan a la sociedad y a los individuos, de la misma manera la revolución no puede ser que otro tipo de codificación de las mismas relaciones. No más una Revolución única, por lo tanto, sino "muchos tipos de revolución, muchos cuántos son posibles las codificaciónes subversivas de las relaciones de poder".

El propio Foucault propone considerar que si en el siglo XIX las luchas políticas y sociales eran sobretodo contra las formas de explotación económica, en nuestros días son más y más importantes, junto a las económicas, las resistencias en contra de la sujeción a la cual los individuos han sido subordinados en el curso de la historia, que ponen en cuestión el estatuto del individuo. En este sentido son la encarnación de una vindicación: la del derecho a la diferencia, a la individualidad. Una vindicación que se inserta al propio tempo en la defensa de la colectividad, de la vida comunitaria y se enfrenta a todo intento de aislamiento, de reclusión en una identidad ahogante, no autónoma. Esta oposición al poder/saber que transforma a los individuos en sujetos es, a la par, una reivindicación de la capacidad para gobernarse, de la capacidad de auto-gobierno, de la autonomía.

Pero ¿a qué refiere ese concepto de autonomía? La autonomía no es más que el ejercicio del autogobierno, o sea la autodeterminación individual y colectiva. En este sentido, necesitamos la autonomía para superar la opresión y la explotación, construyendo nuevos poderes descentralizados, de abajo hacia arriba. Como epíteto aplicado a los individuos señala la soberanía de los mismos, su identidad civil, su constitución como ciudadanos (o como parte de un pueblo, en el caso de los zapatistas), la plenitud de poderes jurídicamente reconocidos para ser dueños y responsables de lo que hacen y dicen; sujetos, en fin, y dueños de sí mismos.

Como señalaba Foucault, el poder es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe naturalmente, igual que los sujetos. Se hace, se construye de la misma manera en que se construyen los sujetos. Éstos, para crearse, se empeñan en una lucha a muerte por la autonomía. Esta lucha genera poder. Generarse como sujeto es generar poder.Entonces, en el análisis de Foucault, esta noción de autonomía conlleva al constituirse en sujeto como fuerza que transforma las condiciones en las que puede vivir, pero en las que él mismo está formado. Y es en el seno de esta capacidad formadora, que el sujeto tiene un poder constituyente, es decir, se trata de una forma de poder que emerge de la acción concertada y que tiene la capacidad de crear alternativas. Crear nuevo poder, crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas. Éstas no pueden comenzar cuando se tome el aparato del Estado. Se realizan en el camino, en el proceso.

Foucault nos invita a pensar que la creación de autonomía no requiere de la toma por asalto del “lugar donde se encuentra concentrado todo el poder”, pues ese lugar no existe, sino que los grupos tradicionalmente considerados "sin poder" pueden crear un poder alternativo capaz de ser enderezado hacia el cambio de las relaciones sociales. Desde esta perspectiva, una política de autonomía no se ocuparía de eliminar las fuentes de poder, pues ése sería un objetivo irrealizable, sino que se ocuparía, por un lado, de reducir en lo posible las asimetrías que están en la base de las relaciones de poder y, por otro, de hacer uso del poder para favorecer cambios en el signo de la justicia.

La idea de autonomía consistiría en última instancia en la existencia de sujetos que cuestionen sus propias leyes y las de sociedades que cuestionen su propia institución. Sólo así cabe la posibilidad de remitirnos a una subjetividad colectiva, a la potencia de la multitud, al poder constituyente como sujeto. Esto es, individuos y sociedad no sólo se autodirigirían sino que se autoinstituirían continuamente. Con límites, sin duda, pero con límites creados desde la propia autonomía.