Hacia una ciencia política del nosotr@s PDF Imprimir E-mail
HACIA UNA CIENCIA POLÍTICA DEL NOSOTR@S.
Facultad de Ciencias Sociales de la UNACH

María Isabel Pérez Enríquez-Sociología

A partir de la propuesta iniciada aquí en la Facultad de Ciencias Sociales, por el Maestro Baltazar Ramos Martínez, en el 1er Foro Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades, de noviembre del 2002, en el sentido de mirar hacia nosotros, reflexionando a partir de la composición pluriétnica de los universitarios, señalándo la necesidad de construir una “Antropología del nosotros”, bajo la perspectiva de un auto reconocimiento y una propuesta prospectiva, con mirada hacia el futuro.

Las propuestas para la construcción de esta corriente disciplinaria en el marco de la Antropología y que indudablemente atraviesan toda la visión de las Ciencias Sociales y Humanidades, me llevan a darle continuidad a planteamientos pluriculturales en procesos de observación y diálogos que demandan ser construidos en una nueva relación. Ramos habla de construir una antropología alternativa, en contra de la antropología del otro, para lo cual se deberían contemplar 4 puntos:

1. Solidaridad.

2. Coincidencia.

3. Utopía y,

4. Resistencia.

A partir de estos puntos quiero reflexionar sobre 4 ejes paradigmáticos que pienso enriquecerían la construcción de esta disciplina alternativa:

a. Lengua referencial y pluriculturalidad.

b. Utopías y resistencias de clase.

c. Territorialización y desterritorialización.

d. Autonomía y autogestión.

Relaciono estos ejes con planteamientos de mi tesis doctoral en Ciencia Política titulada Resistencia y participación política de las mujeres indígenas de los altos de Chiapas (San Andrés Sakamch’en de los pobres y San Pedro Chenalhó, 1994-2000).

En esta reflexión sólo voy a referirme a la lengua referencial, la pluriculturalidad y las utopías, en función de las resistencias étnicas y de clase, para contribuir a la construcción de una Antropología del nosotros(as). Objetivo de otra reflexión será hablar de posicionamiento del territorio o enajenación geopolítica del espacio territorial, desde los marcos de la defensa de la autonomía, y plantear propuestas sobre autogestión y sus implicaciones en los terrenos teórico y práctico.

Otro autor que considero, enriquece esta reflexión, es Emmanuel Levinas, quien en su libro LA HUELLA DEL OTRO, ha planteado que antes que reconocer una cosmovisión que pretenda uniformar las identidades, es fundamental señalar una cosmovisión alternativa, que parta del reconocimiento de diferencias que mas que sepultarlas en el olvido y la exclusión, las asuma y respete en función de proyectos de vida que arriban a planteamientos incluyentes una vez que han observado coincidencias prospectivas.

Se trataría desde mi perspectiva, superar relaciones de dominación o de opresión, de género, clase, etnia o nación, desarrollando una cosmovisión que trabaje sobre las inclusiones.

· Una antropología del nosotros(as), hombre-mujer, reconoce en condición de igualdad de derechos la convivencia de los géneros, en función de proyectos de vida.

· Una opción de clase, ubicaría a la clase trabajadora en el campo y en la ciudad en función de los intereses sociales y políticos, en México, en América Latina y en el mundo.

· Una distinción y reconocimiento de la huella del otro y de los otros(as) desde el punto de vista étnico, trataría de incluir una construcción que se proyecte intereses comunes de un Nosotros(as) incluyente, de indígenas y no indígenas, en la mira de construir “un mundo, donde quepan muchos mundos”, con una propuesta común.

Dice Levinas, que el presente retenido y por venir, reconoce la construcción de las utopías en función de sueños, expectativas y esperanzas, a partir de lo que se carece.

Así, esta antropología del nosotros se contrapone a los intereses de una antropología integracionista y/o asimilista.

Demetrio Rodríguez Guaján, en el libro, CULTURA MAYA Y POLÍTICAS DE DESARROLLO, niega una perspectiva dominante que trate de integrar a las minorías étnicas. En este sentido, niega las condiciones de género o de clases excluidas, para someterlas a la visión patriarcal capitalista en su forma neoliberal. Niega una antropología asimilista que mantenga el folklor anacrónico, para explotarlo turísticamente, en contraste con la visión que contempla necesidades, demandas y luchas. Para esta antropología del nosotros(as) que se pretende construir, sí va a existir un “otro”. Pero este “otro” no va a identificarse con el indígena, hombre o mujer o el trabajador del campo o de la ciudad. Antes bien, este “otro” va a ser precisamente quién mantiene una relación de imposición y dominio, en contraposición con la lógica del sentido cultural, económico o político, que busca la semejanza y des-semejanza de intereses, hacia la construcción de la utopía precisa que se convierte en opción y compromiso por quienes han estado excluidos.

Una antropología del nosotros(as), al sumarse a la ciencia política del nosotros, se concreta en una no imparcialidad, sino en una acción de resistencia que construye utopías en un espacio local, nacional y global.

Enrique Florescano en su ensayo sobre “El Patrimonio cultural de México” señala que “el nacionalismo”, la política gubernamental posterior a la Revolución Mexicana, se ha traducido en un indigenismo que busca la integración de los pueblos indios a la sociedad nacional, es decir, la sustitución de su identidad étnica por una identidad de mexicanos que corresponda a la cultura nacional. Se pretende así "generalizar conocimientos, valores, hábitos", construyendo desde arriba una cultura nacional a partir de un patrimonio que se considera común y que estaría constituido de elementos impuestos desde la Colonia a las culturas existentes. (Enrique Florescano”El Patrimonio cultural de México”, CONACULTA, FCE, México, 1999, p.32).

Bajo este enfoque, el análisis de lo nacional, en el contexto internacional, no pretende borrar una visión de los vencidos, sino recuperar y como dijera Enrique Dussel en su libro EL ENCUBRIMIENTO DEL INDIO, comprender el descubrimiento de las culturas que han estado ocultas desde la colonia. En este sentido, se trata de reconocer cómo de 20 años a la fecha, se construyen visiones alternativas de respuesta al desarrollo nacional, que respete la diversidad lingüística entre tsotsiles, tseltales, choles, tojolabales, zoques, mames, etc. y las demás lenguas indígenas que se han mostrado, mantienen su desarrollo y hablan en el contexto nacional.

Bajo esta Antropología del Nosotros, se requiere entonces, reconocer las diferencias y trabajar para sumarse a la construcción de caminos. Pienso que para concretar estos caminos, es preciso definirse dentro de los marcos de una ciencia política del nosotros(as), buscando la inclusión de todos(as) en la toma de decisiones, en la construcción de prácticas y ejercicio de formas democráticas de decidir y hacer, tanto en nuestra vida cotidiana, como en el espacio universitario y político nacional.

La justicia, así, va a resolverse en la superación del individualismo a la que nos ha llevado el pensamiento de una antropología y de una filosofía occidental. Superando el discurso de la dominación. La reflexión desde el pluralismo no va a reproducir relaciones heterónomas, que refuncionalicen la dominación, sordera o amordazamiento de los vencidos. Se trata de pensar la política de otro modo. Pensar en política a partir de una ética social, hacia la construcción de una “ciencia política del nosotros(as)”.

El objetivo de una Antropología del Nosotros(as) a partir de construir una ciencia política de los de abajo. Y desde esa perspectiva, llegar al encuentro con el otro de los excluidos: mujeres, indígenas, trabajadores del campo y de la ciudad, etc.

Reunir, juntar en una ética, el rostro de un nosotros- de otro modo. No bajo el discurso dominante- que evalúa, codifica y califica, sino desde la perspectiva de los otros dominados que se resisten a desaparecer, a quedar ocultos, olvidados como opción social, política y cultural.

En la sujeción al nosotros, pretendemos entender la sujeción del individuo a la colectividad. Y en tanto que compromiso, construir una responsabilidad en los marcos territoriales de nuestra confluencia, es a lo que nos llama esta discusión. Con el discurso de la pluriculturalidad, que reconoce las diversas lenguas con las que convivimos, la visión de quienes habitamos en un espacio que nos llama a nuestra apropiación.

La forma política construye la opción por la libertad, la resistencia, la utopía, bajo una ética que mira en interés de la colectividad.

La forma política construye la opción por la libertad, la resistencia, la utopía, bajo una ética que mira en interés de la colectividad.

La forma política construye la opción por la libertad, la resistencia, la utopía, bajo una ética que mira en interés de la colectividad.

La antropología del nosotros(as) puede así, alimentar la autonomía, cuando es colectiva y no individual, llamando a construir una responsabilidad con nuestro entorno natural y social.

Desde mi punto de vista y retomando al artículo “El mundo: siete pensamientos en mayo del 2003”, del SubComandante Insurgente Marcos, (Revista REBELDÍA No.3) el lugar de la teoría debe de contemplar la teoría que se puede construir desde los movimientos sociales en los que participamos indígenas y no indígenas, hombres y mujeres del campo y de la ciudad. Pienso que el aporte zapatista, a esta construcción de un nosotros(as), nos conmina a avanzar tanto en los ámbitos teórico, como práctico.

El problema de quién construye la Antropología del nosotros(as) estiba en desde dónde se construye y hacia qué utopía.

No es el análisis político que se construye exclusivamente desde los marcos académicos o desde la óptica de la llamada “clase política mexicana”, o desde la óptica de la antropología indigenista dominante, que estudia al otro como a un objeto.

La reflexión académica debe vislumbrar la posibilidad de la construcción de una antropología del nosotros(as) y una ciencia política del nosotros(as), desde el ámbito universitario-académico, de antropología y sociología en una convivencia con los procesos sociales, para comprender el entorno en el que estamos inmersos.

Necesitamos reconocer, explicitar, desde qué lugar construimos reflexión y en qué lugar aspiramos a construir teoría. ¿Para qué?, ¿hacia qué fines?

Pretendemos construir teoría. Podemos hacer reflexiones desde el movimiento social o sobre él.

Ya Ricardo e Isabel Pozas, señalaban en su libro LOS INDIOS Y LAS CLASES SOCIALES EN MÉXICO, que no podían dejar de reconocer que cuando hablaban del indio, reconocían diferenciaciones en función de las actividades económicas y su papel en la escala de prestigio social. Decían que los indios y su familia, entendidos como conglomerados económicos en su comunidad, son capaces de practicar dos tipos de economía: la de la infraestructura doméstica y la que le impone la economía capitalista que influye en su organización y en su dinámica (p.41).

Esto nos lleva a confirmar que efectivamente han diferenciación étnica y de clase, con alguna podremos construir esta Antropología del nosotros(as), y en este caso, se trataría de implementar diálogos de intercambio de experiencias y visiones.

En la relación intersubjetiva como decía Carlos Lenkersdorf, en su estudio sobre LOS HOMBRES VERDADEROS, los pueblos tojolabales ven una muestra de la pluralidad cultural que llama a compartir las visiones, aunque diversas, acerca de una misma realidad (p.69)

¿Por qué dice Lenkersdorf, que algunos ven relación intersubjetiva, mientras otros ven la relación sujeto-objeto? Precisamente, porque en la puesta en fin al absolutismo de la cultura occidental dominante, se construye un pluralismo, cuya opción no reproduzca relaciones de dominación. En esa visión del indigenismo, no han estado ausentes ideas racistas que menosprecian al indígena y a su cultura. Como dice Guillermo Bonfil, se llegó a considerar “que los indios no tenían cultura: su lengua era un dialecto, no un verdadero idioma; su religión era paganismo; tenían costumbres, pero no cultura. (Guillermo Bonfil: “Los pueblos indios, sus culturas y las políticas culturales”, p138) la política indigenista buscaba verlos como objetos y obstáculo. Buscaba la construcción nacional, eliminando la diversidad cultural, justificando desindianizar, aculturar. La nueva propuesta, plantea reconocer esa diversidad y valorarla, dialogar con ella. Carlos Lenkersdorf, señala la necesidad de establecer relaciones intersubjetivas de hablantes y oyentes, construyendo una visión que nos incluya a todos, retomando la filosofía tojolabal de los pueblos mayas. Este sentido de oyentes es fundamental para construir una antropología del nosotros(as).

El pluralismo no es nada fácil, porque las sociedades están acostumbradas a plantearse universales, científicas y demostradas. No es nada fácil, porque estamos acostumbrados a valorar nuestras visiones con respecto a las minorías étnicas. Pero hay muchas visiones, porque hay muchos nosotros de la realidad, dependiendo la opción de nuestra relación con ella.

Esta ciencia política del nosotros(as) reconoce la estrategia y la táctica del EZLN en su empeño por construir la palabra legitimando una lucha que ha sido reconocida por todos(as), en el sentido de que las causas del levantamiento zapatistas son justas y legítimas. La clase política por tanto, no es la única que puede ser llamada a debatir sobre la legitimidad del poder. Toda la sociedad, incluidos los movimientos sociales y las luchas de resistencia indígena y no indígena que se construyen en México y en el mundo, demandan un derecho a opinar, a decidir, sobre los cambios en cuanto al futuro del país, el uso y aprovechamiento de los recursos naturales, y el destino del presupuesto, cuya raíz se asienta en los impuestos de la clase trabajadora.

Desgraciadamente en México, no se ha legalizado ese pluralismo. que reconocía Bonfil, en el sentido de que “en la base del problema está el empobrecimiento real y creciente de los pueblos indios: la pérdida de recursos materiales. La disputa por la tierra, el intercambio comercial desigual, los bajos salarios de quienes venden su fuerza de trabajo, son realidades abrumadoras que limitan las posibilidades de emprender políticas culturales autónomas. Las limitan, por una parte, porque restringen la capacidad de producción cultural en el más amplio sentido del término, también porque plantean problemas inmediatos que sólo con una conciencia política y étnica, pueden entenderse y manejarse en el marco alternativo de un proyecto cultural autónomo. (IBID., 156) Así vemos cómo el pensar la autonomía, nos llama a pensarnos a nosotros mismos en una relación pluricultural actuante.

No para hacer proselitismo a favor de una corporatividad política, no para ganar simpatías y solidaridad, más que eso para compartir con los demás, los semejantes que de por sí luchan, en la convicción de que otro mundo es posible, para demostrar y coincidir con otros, que el mundo que ofrece la clase política y el poder vigente, neoliberal, neocapitalista, no atiende a las necesidades sociales, sino a las necesidades de minorías asentadas en las grandes potencias.

El construir una Ciencia Política del nosotros(as), hombres y mujeres indígenas y no indígenas, que posamos nuestra mirada en las necesidades de las mayorías de la población, llaman a reconocer esa nueva forma de hacer política, que reconoce nuevos actores, en nuevas y diferentes formas de luchar, para construir la libertad, la justicia y la democracia. Esto conduce a cambios culturales que reconocen la mancuerna entre una antropología nueva y una ciencia política nueva, en proceso de construcción, frente a la cultura del abuso, de la explotación y frente a la antropología colonial que reproduce relaciones de dominación, justificando la existencia de una clase política, de una élite, como la llamada a planificar el futuro de la sociedad.

Desde febrero del 2003, el porcentaje de alumnos que ingresan, cuya lengua materna es diferente del español (tsotsil, tojolabal, tseltal, chol, etc.), llama a reflexionar teórica y pedagógicamente sobre los sujetos que entramos en la relación de enseñanza aprendizaje en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chiapas.