El Che PDF Imprimir E-mail

CONVENCION POR EL CHE

 

Alberto Híjar.

 

    Crecida en 1995 para apoyar al EZLN, la Convención Metropolitana de Artistas y Trabajadores de la Cultura se ha reactivado para conmemorar los 40 años sin el Che. Han titulado su variada exposición Hacer es la mejor manera de decir, frase de Martí que le viene bien al Che. La exposición es itinerante y después de su inauguración en Tlaxcala, ha seguido por la Casa de Tlaxcala en el Centro Histórico de México, ahí donde habitara José Martí, frente a la puerta de la antigua Escuela Nacional Preparatoria por la calle cerrada de San Ildefonso. En una sala del edificio colonial bellamente restaurado, lucen bien los cuadros, todos del mismo tamaño, para mostrar disciplina en nada opuesta a la complejidad técnica y sígnifica. Las propuestas simbólicas prueban la riqueza de los acuerdos colectivos realizados de muy diversas maneras. Estas van desde la significación textual y abstracta presente en las dos obras de Adolfo Mexiac y la de Leopoldo Morales Praxedis, hasta la persistencia de una posición personal como la de Alfredo Arcos en su obra Che sandinísta, esto es, entre rebanadas de sandía. Obviamente, abundan las intervenciones de fotos del Che en situaciones distintas y no falta la exhibición de su cuerpo yerto en el lavadero de La Higuera en un bello scratch de Francisco Plancarte, de modo de hacer de la realización técnica un significante por aquello de esgrafiar en el negro la figura en escorzo semejante al célebre Cristo de Mantegna. El colectivo Estallido ofrece una obra sin más firma y la Convención también con una deconstrucción de la frase de Martí entre imágenes y trazos gestuales. Variada y elocuente exposición que seguirá su itinerancia a la Casa de la Cultura Ricardo Flores Magón en Los Culhuacanes, una región muy poblada por trabajadores pobres que podrán admirar las obras en la Galería Leticia Ocharán y participar en un videodebate sabatino a partir del 29 de septiembre.

 

La Convención cuenta con una presentación escrita de Adolfo Mexiac reiterada con su presencia personal en cada una de las sedes a donde van llegando. Mexiac es un tenaz grabador y pintor significante de las vidas del pueblo de México y de las luchas populares del mundo. Su internacionalismo y su militancia en el realismo crítico, han crecido desde los tiempos de gloria del Taller de Gráfica Popular que por estos meses cumple setenta años. A esto se refiere en la presentación escrita, pero no se queda en esto, sino que ofrece dos dibujos con el rodillo de entintar, uno sin referente figurativo para mostrar los cruces de líneas y las gamas de grises como una especie de furia por el Che. La otra obra incluye un rostro del Che trazado con la rapidez instantánea del gesto que acompaña con el dinamismo logrado gracias al uso del instrumento de impresión. El Che cambia en el trabajo de Mexiac porque el 11 de octubre de 1967, grabó un Che emergiendo de trazos dinámicos, tal como reproducirá en el mural en La Higuera donde formará parte de la legión de pintores que por allá estarán en la conmemoración histórica.  Contrastan estas obras, por ejemplo, con la minucia digitalizada del rostro del Che incluyente de decenas de fotos de su vida y obra para exigir dos visiones: la primera que capta su rostro inconfundible y la otra para detenerse en la gran cantidad de registros fotográficos. El apetito de reproducción que esto despierta es contenido por el Copy right del autor Arturo Reyes.

 

 La riqueza de soluciones técnicas hace amena la exposición que de otra manera pudo ser muy aburrida. Todo lo contrario ocurre con la inclusión de un dibujo infantiloide a lápiz a propósito de la carta a Hildita, en alto contraste con el óleo de Rama, Mario Romero Aguilar, quien recurre a su modo de inclusión de figuras campesinas y obreras en la composición de rostros, en este caso, el del Che. Algunos recurren a la electrografía como Salomé Villavicencio y la mayoría usan varias técnicas para conseguir los efectos necesarios. Los resultados son en general elocuentes como en el caso de Sara Tyndall con un casi abstracto resultado y el conceptualismo figurativo de Mariana Sassó donde el Che es una figura de calendario como aquellos hechos por Helguera, con la fecha de 1967 y el nombre del negocio que no es otro que una "Abastecedora Rosario", alusivo al lugar de nacimiento de Ernesto Guevara de la Serna. En el umbral del conceptualismo queda también la obra de Nacho Alfonso como Canción para el Che y el San Sebastián de Elisa Suárez como foto digital.  Por su parte, Eduardo Juárez, el actual responsable del Taller de Gráfica Monumental de la UAM-Xochimilco, hizo dos rostros de mujeres niñas empañoletadas, la de la izquierda en el cuadro, con el Che alargado por el uso de la pañoleta. La sutil referencia al neozapatismo, es explícita en la obra donde el Subcomandante se cuadra ante el gran cuerpo del Che. Abigalil Morita sin desbarrar en afanes documentales, dedica su obra a Santa Clara como recuerdo de la brillante acción militar decisiva para la caída de Batista donde el Comandante resultó herido.

 

 Lunache de Felipe Hernández aborda el lirismo con un cielo nublado con una luna enfrente donde está inscrito el rostro de Che. Otros se van por las frases claves de la epopeya con manejos de la tipografía para integrarla a la pintura, tal como hace Iseo Nóyola recurriendo a un poema de León Felipe pertinente por el gusto del Che. Quizá está bien no destacar el magnífico retrato del Che exhalando humo realizado por Rosario Gutiérrez,  la querida pintora fallecida hace poco más de un año porque así queda como presencia compañera sin más. Su esposo Rómulo Escudero participa con una vistosa deconstrucción de una imagen del Che. Todas y cada una de las obras ofrecen intereses visuales que cumplen con una frase-consigna del Che: "Calidad es respeto al pueblo". Digno homenaje este a una figura compleja por su trascendencia histórica, social y estética popularizada por la foto de Korda que por lo visto, no es la única perdurable pero si la de mayor fortuna visual en la historia.

 

 El Che apuntando con el brazo horizontal y pistola en mano, es quizá el icono más adecuado que Antonio Valverde hace presente con gran tino.